Mitos y dioses
Las fronteras del proceso de individualización de la persona adoptiva se expanden en la mitología, mas precisamente en el “mito del héroe”. Se sabe que muchos héroes fueron abandonados y adoptados, y la elaboración de esta tragedia constelada concretamente en sus vidas requiere el esfuerzo psíquico para el trayecto simbólico del “nacimiento-muerte-renacimiento”.
La jornada del héroe (o de la individuación) es una jornada mítica-humana, o sea un trayecto arquetípico y por tanto, constitutivo de todo y cualquier ser humano en el ámbito simbólico.
En la mitología griega, son innumerables los personajes míticos que vivieron esa jornada, como por ejemplo: Zeus, Apolo, Dionisio, Asclepios, Paris y tantos otros.
Será comentado el mito de Dionisio, por que en él residen aspectos simbólicos capitales similares a la jornada heroica de la persona adoptiva, como los temas: doble-nacimiento, dupla- madre, exposición, abandono, nostalgia.
Contando un poco sobre el mito:
Dionisio, también llamado de dios nacido dos veces, era hijo de Zeus, rey de los dioses, Y de Sémele, princesa de Tebas, pero mortal. La esposa inmortal de Zeus, la diosa Hera enfurecida con la infidelidad del marido, se disfrazo de ama-seca y fue al encuentro de Sémele, todavía embarazada y la persuadió a pedir que el marido se mostrase, en todo su esplendor y gloria divina. Zeus hizo la voluntad de Sémele, la cual no soportando la visión del dios circundando de clarores, tumbó fulminada. Zeus retiró el bebe que ella llevaba en el vientre y ordenó que Hermes, el mensajero de los dioses, lo cosiese en su (Zeus) muslo. Al terminar la gestación, Dionisio nació, vivo y perfecto.
Con todo, Hera seguió molestando al extraño niño de cuernos, y ordeno a los Titanes, dioses terrenos, que matasen al niño, haciéndolo en pedazos. Zeus, consiguió rescatar el corazón del niño que todavía latía, colocándolo para cocinar, junto con semientes de granada, transformando todo en una poción mágica, la cuál dio de beber para Perséfone, que acabara de ser raptada por Hades, dios de las tinieblas y de la oscuridad, y que se tornaría su esposa. Perséfone embarazó y nuevamente dio a luz a Dionisio, el renacido de las tinieblas. Por ese motivo era llamado de Dionisio-Iaco, el que nació dos veces, dios de la luz y del éxtasis.
Convocado por su padre, Zeus para vivir en la tierra junto a los hombres y de compartir con ellos las alegrías y los sufrimientos de los mortales, Dionisio fue atingido por la locura de Hera, yendo vaguear por el mundo al lado de sátiros selvagenes, de los locos y de los animales. Dionisio dio a la humanidad el vino y sus bendiciones, y concedió al éxtasis de la embriaguez, la redención espiritual a todos que decidieron abandonar y renunciar a las riquezas y al poder material.
Por fin, su padre celestial le permitió retornar al Olimpo, donde tomó su lugar a la derecha del rey de los dioses. En ese período, Dionisio consiguió rescatar a su madre Sémele y revivirla (síntesis extraída de: Sharman-Burke, J.; Greene, L. El Taro Mitológico. p. 19-20) .
La afabulación del doble-nacimiento, que quiere decir también dupla gestación, remite al esquema clásico de la iniciación: nacimiento-muerte-renacimiento.
En el mito, el doble nacimiento de Dionisio configurase, sea cuando es gestado en el muslo de Zeus y, después cuando nace de Perséfone.
Así como Dionisio, los adoptivos también fueron rechazados, viniendo a tener una segunda madre, la adoptiva, que simboliza desde aquí, la posibilidad del renacimiento en el ámbito psíquico.
La doble madre se refiere a una madre humana y otra arquetípica. Sémele fue su madre mortal, sin embargo, a través de Zeus (dios) y de Perséfone (diosa) se configura su madre arquetípica, la cuál es proyectada en quien cuido de él. Lo mismo se observa con el adoptivo que tiene una madre real y una simbólica, y que constelará esta última en la primera. Alias, como cualquier uno de nosotros, adoptivos o no.
Dionisio mantiene, por un cierto tiempo, una conexión negativa con la madre arquetípica representada por Hera ( diosa que de todo hizo para aniquilarlo). La diosa Hera comporta la madre-bruja, la madre-mala, simbólicamente la haz materna del rechazo, pues ella no acepta su existencia, que en el adoptivo ocurre cuando la madre e/o el padre adoptantes inconscientemente no lo acepta como hijo, y se repite nuevamente el abandono en la vida del niño, solo que de esta vez dentro del propio contexto dela adopción.
La consecuencia es trágica, pues así como Dionisio es tomado por la locura engendrada por Hera, el adoptivo psíquicamente también se disocia, quiera por no saber conscientemente de sus orígenes, quiera por no sentirse afectivamente hijo de los padres adoptantes. Dionisio se queda poseído, tomado por el aspecto negativo del arquetipo materno, representado por Hera, siendo que mítica y psicológicamente lo mismo ocurre con el adoptivo cuando tomado por arquetipo del abandono-rechazo, lo que compone el complejo materno terrorífico.
Zeus, que siempre interfiere a su favor, puede ser entendido como la conciencia de algo que es suyo por derecho, ser su hijo y heredar su trono individuacional. Es como si Zeus simbolizase la constante llamada de quien Dionisio realmente es. La conscientización (Zeus) de esos contenidos cindidos o disociados es la alternativa para la reintegración psíquica del adoptivo, siendo el punto inicial para que el ego pueda comulgar con el Self, pidiendo así el adoptivo recomponer quién de hecho es.
Esta recomposición también ocurre cuando Dionisio cualificado de “toro” por los poetas, es dilacerado por los Titanes y su carne devorada por las Bacantes.
Según Brandão:
[...] despedazando animales y devorándolos, los devotos
de Dionisio se integran en él y lo recomponen simbólicamente, lo que consonante Jung, configura la conscientización de contenidos divididos [...] De hecho, los Titanes se comportan como maestres de iniciación, en el sentido de que matan el neófito, con el intuito de hacerlo “renacer” en una forma superior de existencia [...] Dionisio es el dios de la metamorphosis, quiere decir, el dios de la transformación (Mitología griega. vol. 1. p. 137 e 135) .
¿Pero a final, que es lo que muere y renace en el adoptivo ?
Algo que él pierde y reencuentra, su identidad. Ese proceso envuelve una busca para el interior de sí mismo; es la regresión de la energía para el consciente a fin de rescatar la madre arquetípica con quien perdió el helo, o mejor, que no puede ser configurada el los madre / padre adoptantes. Él busca a sí a través de la madre.
Así, Dionisio representa el niño divino que, en todos nosotros, vive esta eterna busca.
Y Hillman dice:
Esta es la figura clásica del Puer Aeternus; el componente eternamente joven de cada psique humana [...] que está siempre ansiando, y que en última análisis está ligado a la madre arquetípica. Nuestro pothos se refiere a nuestra naturaleza angelícal, y nuestras ansias y viajes errantes por el mar son efectos, en nuestras vidas personales, de las imágenes transpersonales que nos solicitan, nos empelen y nos fuerzan a imitar los destinos míticos (Estudios de Psicología Arquetípica. p. 67 y 77) .
Es en ese sentido que podemos decir que somos todos adoptados, que en cada uno de nosotros habita un adoptado, cuyas carencias y temores remiten a un Dios-Padre para consuelo, pero clama por la venganza del abandono, del sentimiento de debilidad. El conflicto está presente y es constitutivo del ser humano. Mas, en este trabajo importa reflejar sobre estos mecanismos en el adoptado, sobre quién el abandono y sufrimiento fueron a recaer.
Dionisio ejecuta esa busca bajando hasta el fondo del Hades para de allá arrancar a su madre Sémele y conferirle la inmortalidad. Hades puede simbolizar el inconsciente colectivo en sus profundidades, y solo un chapuz profundo en este vasto infinito océano es lo que nos hará re-significar la propia vida, pues en él reside el origen de todo.
La búsqueda de los orígenes es un tema universal (arquetípico), un motivo mítico presente en todos nosotros. El niño adoptivo, como cualquier otro niño, en algún momento de su vida, naturalmente, indaga sobre de dónde vino, para entonces poder orientarse para donde va.
La integración de lo que el niño adoptivo trae de sus orígenes y de su pasado, a lo largo de su desarrollo individual, solo es posible si los padres y el niño aprendieren juntos a comprender esos dados. La restitución de lo que el niño vivió permitirá el sentimiento de su continuidad y de su identidad. Se trata de un proceso que reconstruye el pasado en función del presente, con la mirada hacia el futuro.
El adoptivo podrá entonces cumplir su destino: el “quien soy” y el “para que soy”.
lunes, 10 de marzo de 2008
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